LOS VERSOS MÁS MÍOS

Miguel d’Ors, grandísimo poeta para aquellos que no lo conozcan, escribió este poema:

EN MI OFICIO O TACITURNO ARTE

Tantas noches ansiosas
rebuscando, rompiendo, palpando, sopesando
palabras y palabras —y en las calles brillaban
bares, chicas y motos—
por decir mi verdad, mi clave, el rostro
que llevo en lo secreto de mi sangre,

y todo para nada: para acabar sabiendo
lo que siempre he sabido: que los versos más míos
los han escrito siempre otros poetas.

El poema, a parte de ser magistral, toca una verdad que creo a todo el que escribe (en realidad a todo el que lee también) se le habrá aparecido en algún momento de su vida. Esa sensación al leer que aquello que es leído habla tanto de uno que podría, o mejor dicho debería, ser suyo, haberlo escrito él, o mejor incluso, no debería, sino que aquello que es leído es más de uno que lo que uno escribe.

Por ello Los versos más míos pregunta a escritores cuáles son los versos más suyos escritos por otros poetas. Qué poemas fueron apropiados por los escritores inmediatamente tras ser leídos. Breve nota: d’Ors, más pillo que una raposa, utiliza un verso que no es suyo para titular el poema, es de Dylan Thomas.

Víctor Botas escribió un libro, Segunda mano, hecho con los poemas de otros, él traducía claro y hacía versiones, dejando así su impronta, dándoles una segunda mano, pero aquellos poemas no eran suyos, eran de otros, y él los hizo, publicando un libro con su nombre (no una antología de otros, sino un verdadero libro de autor, como si los poemas le perteneciesen) verdaderamente suyos. Parece que Botas llevó a cabo de forma total la premisa de los dos versos finales del poema de su amigo d’Ors. Pero tampoco sé decirles qué fue antes, si el libro o el poema, y por lo tanto, no sé decirles, quien robó a quien. En cualquier caso les dejo el prólogo de Botas a su libro (como verán, él explica lo que que quiero decir mucho mejor que yo, es un prólogo, por tanto, de los más míos):

Esto no es una fiel antología de textos más o menos venerables, more universitario. Mis veleidades eruditas -por otra parte nunca del todo claras- hace tiempo que duermen en un polvoriento anaquel de la Universidad. Esto es mío: sólo habla de mí. Con él no pretendo sino recuperar ciertos poemas (ya irán viniendo otros) que, por razones bastante misteriosas, siempre me produjeron la sensación de haberme sido pisados por sus autores. Por lo tanto, es, también un libro vengativo: ahora les doy una segunda mano a esos poemas que, en algunos casos, ya eran de segunda mano (porque yo -que me perdonen los muchos sabios de mi generación- no consigo entender nada de chino, descifro el griego peor que malamente y en el latín me muevo con torpeza de patos entre amapolas); los reescribo a mi modo, y se los birlo así a los Horacio, a los Li-po, a los Donne…, y santas pascuas.

La fidelidad, en ocasiones, lejos de ser una virtud, no es más que una impotencia.